Atención: Un celular usado puede destruir tu relación

No puedes permitirte dejar una ventana abierta a tu intimidad.

(cc) Flickr.com/Landahlauts

-Es común dentro de las parejas que cuando uno de los dos cambia su teléfono móvil, el antiguo se lo regale al novio, porque es de mejor calidad, por ejemplo. Pero para hacerlo hay que borrar todo, hasta los más mínimos detalles, porque la pareja puede encontrar en el aparato cosas anteriores a la relación.

Hay que eliminar hasta la lista de llamadas realizadas de la memoria. No sólo por un asunto de celos, sino que también por un tema de seguridad: según una nota publicada en nuestro sitio hermano Wayerless, la mitad de los teléfonos celulares que se venden usados contienen información personal. La nota viene desde el registro que se realizó a 50 móviles que fueron vendidos a través de eBay.

En los aparatos que las personas dieron de baja, encontraron números de tarjeta de crédito, fotos íntimas y mensajes personales. Más del 60% registraba todavía números telefónicos en el historial de llamadas y algunos tenían material pornográfico.

Hoy, con el tipo de celulares que tenemos, entregar uno es como pasar nuestra vida: en él tenemos todos los números, lo usamos como agenda, tenemos las tareas pendientes por hacer, las citas, las reuniones, los mensajes personales, las cuentas de correos, Facebook y Twitter, los secretos, marcamos en el calendario las fechas importantes, etc. Si alguien más tiene acceso a ese tipo de información, nos podría perfectamente extorsionar. No creo que sea el caso de nuestra mamá, amiga o prima, si es que se los pasamos a ellas, pero si quien lee los mensajes es nuestro actual novio, la cosa se complica y puede incluso terminar en separación si es que no aclaramos qué significa que el viernes 15 de octubre la agenda diga “Javier”.

No podemos darnos el lujo de dejar una ventana abierta a nuestra intimidad, eso podría significar años de arrepentimientos después. Tenemos que borrar absolutamente todo, como si se lo estuviéramos dando a un desconocido aunque el beneficiado sea nuestro amorcito.