Psicología: Adaptación al cambio y el juego del miedo

Hay distintos tipos de miedo: el neurótico, los agudos provocados por estímulos y los miedos crónicos.

(cc) Gabriela Camerotti

Que nos adaptamos al ambiente no es nada novedoso, somos hombres y mujeres que nos adaptamos a los cambios. Pero, ¿Qué hace que esa adaptación sea más fácil o más difícil?, eso tiene que ver según algunos autores con la motivación para el cambio y las razones del porque se produce el cambio. Si este es voluntario o involuntario, si es voluntario estamos motivados, si es involuntario entra en juego la frustración por lo tanto el estar insatisfecho.

La motivación es un aspecto fundamental para sobre llevar un cambio por difícil que sea, ya que emocionalmente estar motivado predispone a focalizarse y enfocarse en lo que se quiere conseguir, al contrario cuando el cambio es repentino y no esperado la motivación queda focalizada en lo anterior por lo que se pierde el foco, ya que el objetivo no existe.

Por esta razón cuando los cambios son decididos por nosotros actúa la motivación, somos capaces de focalizarnos y centrarnos en la tarea que hay que hacer, conseguir un trabajo, conquistar a alguien, conseguir un meta. Si el cambio es decidido por otro y no deseado por nosotros queda igualmente la motivación hacia la meta pero sin la meta, lo que causa una frustración entre lo que se desea y lo que no se puede obtener en la realidad. Si buscamos el porque nos adaptamos, podríamos decir que por necesidad al cambio, ya sea externo o interno.

Y, ¿Cuándo no nos adaptamos aunque queremos? ¿Qué es lo que nos frena? ¿el miedo? Hay distintos tipos de miedo: el miedo neurótico, es el miedo a lo nuevo que tiene que ver con poder relacionarse con el mundo de una maneara adecuada, es un miedo de menor intensidad. Están los miedos agudos provocados por estímulos o situaciones tangibles y que se disipan con facilidad cuando se retira o evita el estímulo que los ha suscitado y los miedos crónicos, que son más complejos y pueden estar o no ligados a un origen tangible o intangible que los provoque. Estos últimos son los que tiene más relación con la imposibilidad de adaptarnos y quedarnos estancados en lo conocido.

Estos miedos al ser crónicos impiden adaptarnos y por lo tanto superarnos, estos miedos más bien internos y muchas veces inconscientes, pueden ser desde sentirnos incapaces a sostener una relación estable de pareja hasta miedo a repetir sufrimientos de experiencias dolorosas del pasado. Los miedos se hacen crónicos producto de la intensidad de las experiencias y dependiendo de la propia sensibilidad, además son reforzados por el análisis cognitivo en nuestro pensamiento. Pero si lo miramos desde otro punto de vista el miedo nos sirve para defendernos de las “ideas amenazantes” ya que no somos o no nos sentimos capaces de superar el miedo para adaptarnos.

El problema, es que si bien en ese momento el miedo pasa a ser funcional y de alguna manera nos permite mantener la estabilidad en el cambio, aparecerá una y otra vez cuando nos enfrentemos a situaciones similares, hasta que en algún momento logremos superarlo o nos quedaremos con ese miedo sin resolver con todas las consecuencias que significa. La superación de los miedos crónicos depende de nuestros recursos y de nuestra flexibilidad emocional que tiene directa relación con la capacidad de adaptarnos a los cambios.