(029) Virgencitas Superstars

Las ídolas de América Latina.

¿Qué tienen en común las virgencitas de Guadalupe y La Virgen del Carmen de la Tirana? Lindas, estilosas y morenas, las dos despiertan la fe en su más bacán expresión, esa que te pone a cantar y bailar y que de pura felicidad, te trae de vuelta a los brazos del Altísimo.

Del risco donde está parada se disparan rayos de luz y en su manto resplandecen las estrellas del firmamento, que según los expertos, con admirable exactitud reproducen el cielo de esa madrugada de solsticio, del invierno de 1531, cuando se le apareció al buen Juan Diego.

Desde esa fecha la Virgen de Guadalupe se grabó a fuego en los corazones mexicanos como grito de libertad y de coraje, como madre compasiva y acogedora, como la Patrona de México y Emperatriz de las Américas. Bien ganado su título terrestre, tan celestial que ni las heroínas de las teleseries se escapan de su misericordia. Oh, Lucía Méndez, Verónica Castro y Lucerito tantas otras que hasta el día de hoy aparecen en los culebrones arrodilladas, suplicando por el hijo perdido, por el amor no correspondido y la suerte esquiva y traidora, tal y como lo hacen sus fieles en la vida real.

Y ni hablar de las mañanitas que cada año le cantan en su día con mariachis y todo; espectáculo que se transmite por la tele y que convoca a Juan Gabriel, Marco Antonio Solis y a Lucerito, entre otros, artistas que con el corazón en la mano homenajean a La Morenita de México. Miles de fieles, curas y famosos unidos por una gran madre.

Brilla la virgencita de Guadalupe. Brilla porque es linda, porque cantándole se encuentra paz y consuelo. Porque de puro verla uno ya se siente mejor.


Virgen del Carmen de la Tirana

La Reina del Tamarugal es por lejos las más

Cómo será de grosa, que los diablos se rinden a sus pies y bailan al son de tambores y trompetas en pleno desierto. Ella, la Reina, mira desfilar a los miles que se congregan a alabarla; las mujeres de faldas cortitas, almidonadas, con botas largas y tacos; los hombres, con trajes colorinches dando el pasito tropero, escondidos detrás de máscaras asfixiantes.

La Virgen del Carmen de la Tirana también es morenita y para celebrarla hay que saber bailar. Peregrina de la fe, estrella de los caminos, es una princesa inca que condenada a muerte por enamorarse de un portugués cristiano, se aferró a la cruz para perpetuar su amor en la eternidad. Así, descubrió en el evangelio el nuevo sol y barrió con la muerte. Y la que fue conocida por Tirana renació en la fe. Bella, coqueta, enamorada, buena del alma.

Rocío de la pampa, la Chinita es primavera en medio de la aridez y resplandece entre el polvo del norte iluminando hasta a los chifletas que con música rara le hacen homenajes en la red.