(001) Historia de la moda: Las grandes creaciones de ayer y la copia de hoy

La moda ha tenido grandes hitos pero en los últimos años no hay muchas sorpresas.

Hoy Latinoamérica está inserta en el mundo de la moda, en la vanguardia, en el éxito mundial. Tenemos importantes diseñadores que causan fervor entre los amantes de este arte, también se realizan desfiles a los cuales asisten las personalidades más influyentes de este ámbito. Actualmente, Latinoamérica vive un florecimiento y reconocimiento a nivel mundial en la calidad del trabajo de indumentaria y diseño de modas. Pero en el pasado fue muchísimo más rudimentario que en otras latitudes del globo.

Y es que el descubrimiento de América en 1492 mostró a los habitantes de estas tierras como incivilizados para el ojo del conquistador español en cuyo país las vestimentas llevaban más de cuatro siglos evolucionando y modernizándose. Sin embargo, las cosas cambiaron rápido. Es cierto que los aborígenes y esclavos siguieron vistiéndose con ropas que servían solamente para cubrir sus cuerpos y no involucraba para nada un asunto de tendencia ni menos diseño sofisticado. Pero los inmigrantes europeos trajeron todas sus costumbres a América y con ello el “amor por el buen vestir” (según sus conceptos).

Con el pasar de los años y el mestizaje el hombre americano comenzó a adoptar las tendencias de los inmigrantes. Recién en 1811 se creó la ropa interior, porque al reducirse el tamaño de las faldas se hizo necesario el uso de calzones y del sostén. Pero no fue hasta la independencia de gran parte de América Latina que la ropa tuvo otro significado, uno incluso idealista. Según las “Crónicas de Bogotá” de Pedro María Ibáñez, “las mujeres se cortaban el pelo y se levantaban la ropa hasta cerca de la rodilla”. Así, el vestuario se homogenizó entre las clases. Incluso en un extracto de las memorias del europeo Boussingault, una de las diferencias entre pobres y ricos –respecto de la vestimenta- era que los primeros vivían descalzos.

Esto no quiere decir que no había abismantes diferencias sociales, lo que quiero decir es que ya los americanos no vestían sólo con un tapa rabos, sino que adoptaron la moda europea en la medida de lo posible.

Mientras tanto, en Francia crecía la opulencia durante la “Belle Époque” (1890- 1910) y el renacimiento de la moda con enormes pieles de animales y vestidos que llegaban a pesar varios kilos. Los trajes femeninos eran almidonados y llevaban una enagua de crinolina que era una falda circular que iba bajo el faldón principal el cual tenía seis aros de acero flexible. Pero nada fue más terrible para la mujer antigua que el uso del corsé que apretaba fuertemente los órganos interiores de sus cuerpos y que fue transversal en prácticamente todo el mundo, que deformó los cuerpos y enfermó a miles de mujeres, todo por la moda.

La represión a la mujer estaba en todo, desde las normas de comportamiento hasta las de vestir. Sin embrago, en aquella época crecía en Saumur, Francia, una niña que liberaría al género femenino de este sacrificio sin sentido. Ya en 1900 las mujeres comienzan lentamente a liberarse de los vestidos gigantes, pesados e incómodos para pasar a los de dos piezas “traje sastre”, pero esto ocurría en Europa mientras en América Latina las mujeres seguían vistiendo como en la edad media debido al excesivo conservadurismo de las clases altas, quienes eran los que podían viajar y renovar los estilos, pero no lo hacían.

Al final de la década las nuevas generaciones finalmente dejaron la crinolina y se vistieron con el traje de dos piezas el cual en algunas ocasiones incluso tenía un pequeño escote. Pero no fue hasta 1920 cuando la chica francesa de Saumur se convertiría en historia. Ahora convertida en toda una mujer y después de recorrer un complejo camino de discriminación femenina -pero con mucha astucia- era la liberadora del género. Coco Chanel eliminó furiosa el corsé del vestuario e incluyó los pantalones como una prenda fundamental, ya que la mujer debía trabajar porque los hombres estaban en la guerra. A partir de su trabajo todo cambió, no sólo en Europa, sino que en todo el mundo occidental.

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Coco Chanel

Y llegan los locos años 30, donde la liberación femenina y la lucha por el derecho a voto son parte del día a día, se crean organizaciones feministas y la ropa debe ser cómoda y ya no sólo un objeto de arte y decoración. En Chile el estilo “charme” es lo que prima y se trata de una mujer tradicional, delicada, sobria y prácticamente insípida. Utiliza el cabello largo o peinados elaborados, le gusta la vida al aire libre, pero usa faja.

En El Mercurio de 1937 declaraban que esta prenda, “modela el cuerpo de acuerdo a la última moda sin causarle molestias ni sofocaciones”, lo cual sabemos que no es cierto. Tal vez no se desmayaban las mujeres, pero de que aprieta sí que lo hace y ponerse todos los días una faja sigue siendo un sacrificio.

En los 40, producto de la Segunda Guerra Mundial, las cosas se pusieron tan mal que –obviamente- la moda fue lo primero que se vio afectado. “Chaquetas cortas y estrechas y polleras con poco ruedo ahorran tela y costos del vestuario. Se anhela una cintura lo más angosta posible (cintura de avispa), la cual se logra con ejercicios y con el uso de fajas. Los cinturones hacen furor y se llevan en los más variados materiales. Los accesorios son imprescindibles para renovar las tenidas, ya que se dispone de pocas prendas combinables en tonos neutros” cuenta la diseñadora e historiadora Pía Montalva en el catálogo “Historia del vestuario femenino en Chile”.

Una década después vuelven los colores y la opulencia, gracias a los diseños del gran Christian Dior. La cintura de avispa sigue siendo protagonista en todos los looks. “En Chile, las voces autorizadas recomiendan no gastar demasiada tela en vestidos muy largos y alargar los vestidos que ya se tienen, en pro de la austeridad”, agrega Montalva.

Ya en los 60 se nota que nuestro país comienza a desligarse de la hegemonía francesa y todo lo recargado se convierte en sutil, la moda es mucho más minimalista, diseños mucho más modernos y aparece la minifalda como la revolución más fuerte en lo que a liberación femenina existe en la década.

“Las líneas geométricas, minifaldas, medias dibujadas, zapatos planos, botas a media pierna, pantalones estilo monoteísta, vestidos rectos sobre la rodilla, telas con diseños pop art y melenas que muestran un estereotipo de mujer que muestra su cuerpo con menos pudor”, agrega Montalva en su catálogo.

En la mitad de la década el gobierno comienza a incentivar la creación de centro de madres y con ello la proliferación de manufactura realizada por las mujeres chilenas, quienes se especializan en la confección de modas. Nace la “Lolita”, un estereotipo que representa la nueva generación de mujeres mucho más liberales, la cual se convierte en un público objetivo para el que van dirigidos programas de TV y productos comerciales.

Otro nicho es el de quienes prefieren los diseños más autóctonos o los más conocidos como “lanas”, quienes promueven un discurso social e ideológicos. Los ponchos y pantalones para las mujeres son la moda. En los 70 los hippies se apoderan del mundo, en nuestro país quienes pertenecen a la clase alta son los primeros en adoptar esta tendencia. Los hombres se dejan el cabello largo y las mujeres visten con muchas flores es su revolución. La clase baja chilena no absorbe con tanta facilidad este tipo de modas debido a la falta de información que les impide ponerse al día de estas tendencias. Entre ellos la minifalda y pantalones con patas anchas es la tónica.

A mediados de la década aparece la música disco, pero Chile se encuentra sumido en la dictadura militar que impide la proliferación de nuevas tendencias y las mujeres vuelven a recatar su estilo. Pero por un tiempo, ya que la fiebre disco es más fuerte y con el estreno de Fiebre de Sábado por la noche (1978) se diversifica el “jeans de raso, cinturones de elástico, sandalias de charol de colores, blusones y petos de lentejuela hacen furor, junto a todo lo que lleve la marca Fiorucci”.

Pero definitivamente es en los 80 donde la televisión, revistas y radios cooperan para que el mundo se homogenice ya que la moda toma fuerza como un símbolo de estatus. Algunos viajan a Estados Unidos, la nueva gran potencia mundial que interviene en la política y la moda mundial. Ya no se mira a Europa sino a Norteamérica. Quienes tienen dinero para recorrer el país de las oportunidades vuelven a Chile trayendo chaquetas de cuero, chalecos de colores fuertes, vestidos con muchos estampados y calzas que causan locura entre las mujeres (moda que hoy está muy fuerte).

Pero un punto muy importante en esta década es que nace el estilo alternativo, quienes se oponen a las modas comerciales producidas por el país del norte y es así como el movimiento punk europeo toma fuerza en Chile. Los 80 son todo un experimento de modas y tendencias en nuestro país y el resto del mundo.

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En los 90 con la llegada de la democracia se abren las alternativas gracias la proliferación de tiendas de ropa usada y la apertura de malls que permiten a más personas vestir atuendos a la moda.

Pero en general es una década marcada por los diseños sobrios y unisex. Los colores y diversidad de telas marcan la apuesta de los diseñadores, aunque esta no es tan poderosa como los 80. Además, países como Brasil se abren al mundo con importantes creaciones de semanas de la moda como Sao Paulo, mientras en EEUU los Fashion Week están en su auge y los nuevos diseñadores causan expectación de qué mostraran en sus nuevas colecciones. Jean Paul Gaultier realiza desfiles fuera de serie con propuestas alocadas y una de sus musas en la reina de la década Madonna.

Después de todos estos años hemos visto la cantidad innumerable de tendencias que se han suscitados en el mundo, pero llegamos al año 2010 con reminiscencias de las décadas pasadas, aportando escasos nuevos movimientos en moda realmente vanguardistas. Las calzas de los 80 vuelven a ser moda, los sombreros de los 30 son accesorio obligado entre las mujeres modernas, los corsés son sumamente cotizados entre las más alternativas… Todo lo que antes fue popular hoy lo es nuevamente. ¿Qué será lo que pasa con las mentes creadoras? ¿Se habrán agotado?