La Epopeya de los 33

“Ya se ha acusado a algunas marcas de realizar marketing malicioso”.

(cc) Olmovich

Hace tiempo que no teníamos como país una alegría extra deportiva. Lo que está sucediendo nos da una esperanza. Que todos estén vivos es una luz encendida. Sabemos que el rescate final será complicado. Requerirá mucho tiempo. Pero ahí están. Los 33 mineros a casi 700 metros adentro de la tierra, vivos, dando señales de que están bien, dándonos lecciones de sencillez y humanidad. Juntos cantaron el himno nacional. Saben que todo el país está preocupado por ellos y que la noticia ha dado la vuelta al mundo. Pese a la oscuridad, la humedad, el hacinamiento, a la violación del espacio vital y la desesperación inicial, ahí están. Íntegros, demostrando una fuerza y una lucha que no conocíamos desde hace tiempo.

Vinieron el terremoto y el tsunami y se llevaron todo en pocos segundos. El golpe fue como una punzada directo al corazón. Acá, primero hubo dos semanas de incertidumbre. Nadie pudo escuchar las quejas ni los lamentos de los mineros tras el derrumbe. Nadie pudo presenciar su desolación al ver que quedaban atrapados por miles de toneladas de tierra. Nadie pudo oír los gritos ni sentir el miedo que debieron sentir estas 33 almas apenas todos sucedió. Arriba, el tema se politizaba y mediatizaba, pero sus familiares, que hicieron campamento al poco rato y no se movieron nunca más, fueron los únicos que pudieron empatizar de verdad con los que estaban atrapados.

Pasó una semana, diez días, y nada. Pocos creían que fuese posible un milagro. Se sabía que no contaban con mucha comida, no estaba claro si habían sido víctimas de los desprendimientos y tampoco la certeza que contaran con oxígeno. Padres, esposas, madres, hijos, sobrinos, tíos, parientes, no los abandonaron jamás. Fueron una prueba concreta de que solo la familia es tan sólida como las rocas asesinas.

Ya están registrados múltiples sitios web con el número 33, como www.los33mineros.cl. Ya se ha acusado a algunas marcas de realizar marketing malicioso. ¡Es que junto con los 8.8 es lo más impresionante que nos ha pasado en el año! Aunque yo voy a cantar victoria solo cuando estas 33 personas estén pisando la Tierra y no dentro de ella, huelo en todo esto algo místico. Estoy seguro que este caso va a inspirar a cantantes, poetas, dramaturgos, guionistas, pintores, que van a sacar de esta epopeya nortina, obras de arte que traspasarán las generaciones.