Un plato de largo aliento: cerdo con leche

(cc) Flickr.com/Koluso

Hacía rato que no preparaba algo de largo aliento y esta tarde fue la excepción. Logré hacer tareas tempranos con los niños, quienes rápidamente armaron tarde de juegos con los vecinos, y pasadas las 8 de la noche me tocaba encontrarme con los famosos huevos de campo 100% orgánicos que la gente se pelea en Mercado Orgánico.

La sugerencia de aliñarlo con salvia o romero, ambas hierbas deliciosas. Me hubiese gustado hacerlo con salvia, pero los conejos me la devoraron entera, opté por el romero, que firme resiste heladas, fríos y conejos.

Si no lo hacía, mi vida peligraba, en serio, ni les explico lo que pueden llegar a ser las mujeres peleando por los “únicos huevos que ahora come mi marido”. La cosa es que me puse manos a la obra.

Todo parte tomando el lomo de cerdo, el que hay que salpimentar bien (la sal de mar, recomendada por mi maestra me está jugando una mala pasada, el cálculo es distinto a la clásica y todo me está quedando un poco desabrido. Hay que aprender a ajustarla). Se pone aceite de oliva en una sartén y se dora bien por todos lados, luego se saca, se elimina la grasa y se derriten 2 cucharadas de mantequilla, a la que se le agrega la salvia o el romero, más 5 ajos pelados y cortados por la mitad.

Como dice mi maestra, acordarse de sacar el germen de su interior para hacerlos más suaves. Se pone el lomo de cerdo y luego se agrega leche caliente como para cubrir dos tercios de la carne. Hay que hervir para luego sumar cáscara de limón. Se pone a fuego lento y se tapa dejando una abertura para que escape el vapor. La idea es que esté ahí por hora y media sin revolver nunca y agrega “para que la leche se corte y espese”.

Para variar esto último no me ocurrió. Nunca logro que las salsas me espesen. La carne quedó blanda, aromática, y si no fuera por el efecto sal, muy sabrosa. Super recomendable, no sé si corresponda, pero me la imaginé (ya no alcanzaba a hacerlo) con un puré de zapallo o una ensalada que mezclara muchas hojas verdes y una super vinagreta. En fin, ahí queda a creatividad del cliente.

Se hace lento, pero una vez en la olla uno se olvida y queda liberada para cocinar otra cosa.