Cristina Pontigo: Una jocketa con estilo y convicción

Es el primer jinete chileno en estudiar en la universidad y la más guapa en un mundo de hombres.

Cristina tiene el cabello largo, una figura esbelta, ojos café y una sonrisa brillante. Es una joven de 25 años que estudia Ingeniería en Industria Alimentaria en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), se encuentra en su último año. Le gusta el rosado y los animales. En su tiempo libre de la universidad no va al mall ni a tomarse una café con su novio. Ella prefiere ser jocketa y correr caballos profesionalmente. Ha ganado 28 carreras y se ha quebrado una pierna, un brazo y un par de costillas por su pasión.

Hace unas semanas conocí a Cristina, nos reuniríamos en el Club Hípico a las 09:00 am. La entrada era por la famosa “Puerta el espino” pero como estaba atrasada entré en el primer acceso que encontré, el problema es que aún tenía que caminar dos cuadras aprox. las cuales tuve que recorrer por dentro del recinto. Mientras buscaba a Cristina decenas de hombres me saludaban y hasta me gané unas canciones no muy románticas pero si divertidas.

Cuando por fin logré ubicarla me llamó mucho la atención su aspecto femenino y delicado. El casco era fucsia con estrellas blancas, sus guantes para proteger las manos de las riendas tenían un entretenido estampado de leopardo y calzaba unos ceñidos jeans a la moda. Conversamos un rato, mientras esperaba su turno para montar. Ahí me contó de lo complicado que fue entrar en el mundo de la hípica chilena. “Llegué por fortuna, nunca había visto un caballo en persona; tengo 16 perros y para mí era un perro gigante. Obviamente estaba más que equivocada. Mi hermano me invitó a ver uno y al final me convertí en jinete”.

Pero su incursión no fue fácil. Generalmente los jinetes se preparan desde pequeños, incluso antes de la adolescencia y Cristina la primera vez que vio un caballo ya tenía cerca de 19 años. “Me dijeron si no sabes, no puedes. Entonces, me preparé un año con un amansador Anselmo Aguayo y con el ex jinete Juan Padilla. Después saque la patente y comencé a practicar con caballos de carrera a nivel profesional. Todo pasó en un año. De repente ya era jinete y estaba corriendo” cuenta mientras observa el caballo con el que trabajará esta mañana.

Me pide unos minutos, se amarra el casco y afirma sus guantes mientras monta muy segura y con autoridad el animal. La veo entrar a la pista y los demás jinetes o asistentes que trotan a su lado se dan vuelta a mirarla. Es que esta mañana es la única jocketa que está en el Club Hípico, en Chile son sólo tres.

Se da una vuelta por el perímetro y cuando la logro divisar nuevamente se nota que está contenta, los caballos y las carreras son su pasión.