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El novio del año: Un año y un día

Cristóbal sigue con su camino al altar, hoy nos expone sus inseguridades.

La época que andaba obsesionado con que me quería comprar una combi –esos furgones Volskwagen típicos de los surfers y los hippies– me topaba con unos diez al día. De hecho, esperaba un taxi pero NO pasaba un taxi, pasaban cinco combis. Así son este tipo de cosas. Y ocurren. Si uno piensa mucho en una cuestión, comienza a ver mejor debajo del agua. La vista se pone aguda.

También pasa con temas peores, por ejemplo, con la gente que se casa y dura menos de lo que ellos mismos esperan. Sí, pasa. Y pasa harto. He sabido de varios casos en el último tiempo. Por lo menos de tres en menos de dos semanas. Y me entero de esas cosas justo ahora que me voy a casar.

Pregunta recurrente: ¿Para qué casarse? Bueno, ahora lo pregunto yo. ¿Para qué se casan si no duran un año? Está bien que la vida de hoy sea rápida, pero se le puede meter freno de mano. Pasa por uno también.

Hoy, la gente que tiene 30 años en su carnet de identidad, en realidad tiene 20 en su cabeza. Así no más. Los treinteañeros cambian de folio con un delay de una década. Con jetlag. Por lo mismo muchas de esas relaciones no funcionan.

Pero hay que dar la pelea. Y estoy seguro que si una pareja se separa cuando lleva menos de un año, no la dio. De eso estoy seguro. No creo que uno se pueda encontrar con algo tan terrible en ese plazo. No creo que uno en los primeros seis meses de matrimonio recién se de cuenta que está viviendo con la mujer metralleta. No creo. En fin. Cada uno sabe donde le aprieta el zapato. Y si la relación del vecino dura menos que lo que vive una mariposa, la verdad, es cosa de ellos.

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