Cuando el deseo sexual es muy poco; en parejas que se quieren mucho

Rodrigo Jarpa habla sobre un tema más recurrente de lo que creemos.

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Exactamente hace una semana tuve la suerte de ir a un seminario organizado por el Instituto Chileno de Terapia Familiar. La invitada era la psicoterapeuta belga especialista en terapias familiares y de pareja: Esther Perel, radicada en Nueva York, perteneciente al profesorado del programa International Trauma Studies de la Universidad de Columbia, es miembro de la American Family Therapy Academy y participa continuamente en programas de televisión, como el Show de Oprah Winfrey. Viaja regularmente por todo el mundo como profesora y conferenciante. Además de todo esto habla 8 idiomas casi a la perfección…

Pero lo que mas me llamó la atención de esta “superwoman” es su forma de trabajar y el amplio conocimiento que tiene respecto a una realidad cada día mas frecuente en la consulta (y fuera de ella). Me refiero a parejas que tienen una muy buena relación, que se quieren y se aman profundamente, pero en la esfera sexual no pasa nada, o muy poco. Esto contradice la creencia tan difundida de que la relación sexual es un reflejo o una simbolización o una metáfora de la relación de pareja.

Perel plantea lo contrario: la sexualidad es una narrativa paralela, es una historia paralela. La sexualidad es un lugar donde sentir, experimentar, reconocer otras partes de sí mismo. Agrega que a través de nuestro cuerpo logramos verdades, es un lugar en donde se encuentran los deseos, los miedos, las ansiedades, los sueños más primitivos, más importantes del ser humano y que se encuentran dentro del cuerpo de una manera que no encontramos en nuestra relación o en nuestra manera de ser más verbal, secundaria, emocional, interactiva.

En relación al amor, el deseo y como mantenerlo ella señala que el amor busca la cercanía, el amor busca acercar el espacio, la distancia entre dos personas, el amor quiere disminuir las amenazas, el amor quiere tener, pero el deseo es querer y para querer se necesita alguna distancia psicológica, se necesita un espacio entre uno y el otro, se necesita una alteridad. Este es el espacio erótico.

Es muy frecuente escuchar a personas decir que les atrae mucho lo prohibido en términos eróticos, lo peligroso, lo desconocido, lo poco seguro –característico de la etapa inicial de las relaciones- y a lo largo de las relaciones es justamente lo que vamos buscando consciente o inconscientemente: seguridad, estabilidad, tranquilidad y vamos de paso matando el erotismo y el deseo sin saber como.

En las parejas existe una distancia óptima. Mucha distancia o mucha cercanía puede generar problemas en una relación íntima. El grado optimo de distancia o cercanía, varia de una persona a otra e incluso en la misma persona a lo largo del día. La falta de deseo puede ser usada como una “solución” para generar esa distancia que se busca y que no se tiene.

También puede ser resultado de lo opuesto: una distancia tal, que no permite estar en pareja y que no permite conectarse íntimamente. Si se pasa mucho tiempo con la pareja, se puede llegar a sentir inconscientemente, (no de forma sicótica) que se diluyen los limites del yo generando angustia, lo que puede llevar a buscar momentos de soledad. Muchos hemos crecido con la idea de que si realmente amamos a nuestra pareja, vamos a querer pasar cada minuto disponible con esta. Pero esto no es realista, para la gran mayoría de las personas. Mucho tiempo juntos puede resultar sofocante, incluso en una relación de pareja intima y de mucho amor. El tiempo separados puede ayudar a revitalizar la relación. Si por otro lado, no se esta juntos lo suficiente, seria aconsejable darse el tiempo para hacerlo, ojala fuera de la casa y sin nadie mas. Un poco de tiempo romántico vivido sin las preocupaciones del día a día puede ser de gran ayuda.

También tenemos la creencia de que en las parejas no deben existir los secretos y que tengo que saber todo del otro: esta ansiada cercanía casi fagocitaría atenta contra el deseo. ¿Puedo desear lo que ya tengo? Una vez más, se puede concluir que hay que llegar a un equilibrio y ese equilibrio lo define cada pareja.