El novio del año: “Invitados incompatibles”

Lee la nueva columna de Cristóbal Dumay que nuevamente deberá tomar una difícil decisión.

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No es fácil hacer la lista de invitados para un matrimonio. La mejor manera es partir discriminando de arriba para abajo. Por jerarquía. Por sangre. Por historia. Los primos, los amigos y los viejos, claro. Pero los viejos más importantes. Esos que te vieron crecer. Esos que son amigos de nuestros viejos desde que tenían 20 años. Con los que uno veraneaba en la playa, en esa época en que se llegaba a Viña como en dos horas, porque los autos no marcaban más de 80 kilómetros por hora. En fin, de esa época cuando todo era más lento.

Pero aquellos años no son sólo fotos de veranos en Con-Cón comiendo palmeras y elevando avioncitos de plumavit con la cara pintada con rayfilter como un pequeño imbécil. No señores. También hay recuerdos oscuros. Y cada familia tiene su cuento.

En mi caso me tocó tener una familia políticamente divida. Lamentable. Pero bueno, la familia no se elige. Igual a estas alturas el cariño trasciende ese tipo de cosas. Pero no todo el mundo piensa así. Muchos creen que Chile sigue partido en dos. En Sí y en No. En fin.

Yo tengo cinco tíos. Todos muy buena onda, bueno, cada uno en su estilo. Pero esto me trajo un problema a la hora de armar la mesa de la familia. La del lado de mi vieja. El tema es que uno de sus hermanos aprendió a escribir con la mano derecha. Ese es el tío Javier. Pero también está la otra hermana, la menor, la tía buena onda que vive en Alemania. La zurda. La Cecilia. Mi madrina.

El problema que tengo es simple de explicar pero difícil de resolver. A pesar de ser hermanos, mi tía Cecilia no se habla con Javier. Eso hace décadas. Por si solos se llevan perfecto con el resto de sus hermanos. Juntarlos en una mesa sería como sentar un perro con un gato. Agua con aceite. Allende con Pinochet. ¿Se entiende?

A los dos les tengo afecto. Con los dos soy muy cercano. Ya veré como lo resuelvo. Luego les cuento.