Sopaipillas

(cc) Flickr.com/Enferma Mental

Una enérgica santiaguina, madre de 3 niños y microempresaria se sintió tan inspirada con la película Julia & Julie que decidió atreverse con un desafío similar, es así como nace la “Buena Mano” donde Cristina Goyeneche se embarcará en su propia aventura intentando cumplir la misma idea.

Pido disculpas a mi audiencia. Tiempo atrás les contaba la historia de mi hija y su amiga pidiéndome sopaipillas. Estaba nublado, hacía frío y amenazaba con llover. Qué mejor que lanzarme a hacer sopaipillas. Quedaron tan buenas que hoy, con el sol calentándonos más de la cuenta para estas fechas, volví a preparar… ¡pero el doble!

Yo, aparte de no tener idea cómo hacerles, me negué ya que “no aparecían en el libro”. Y ayer, buscando otra cosa, las encontré!!! Como las busqué en Comida Chilena y no estaban, di por cerrado el tema.

Sin embargo, ahí aparecieron, entre las reflexiones de la señora Lucía sobre la lentitud de la llegada del invierno para disfrutarlas y lo bueno que es meter las manos en la masa para prepararlas. Entre tantos días de calor, el día estaba perfecto, nublado y lluvias anunciadas. Sin dudarlo, me lancé a amasar. Mi maestra cuenta que recetas de sopaipillas hay tantas como chilenas que se dedican a hacerla. Me lancé a google y, efectivamente, harina y zapallo llevan todas las recetas, sin embargo las cantidades, la forma como se prepara y los extras, son super variables.

Esta es así: un kilo de harina, un octavo de kilo de manteca vegetal, un cuarto de zapallo cocido y molido y salmuera hecha con el agua de cocción del zapallo. Se derrite la manteca y se mezcla todo, agregando la salmuera en la medida que se necesita para formar una masa consistente. Se amasa por 10 minutos, luego se uslerea con un alto de medio centímetro y se cortan redondas con una taza o vaso.

En lo personal, me cargan las sopaipillas gigantes, más me gustan pequeñitas, como de restaurante, para comerlas con pebre u alguna otra cosa. Además, como estaba embalada con el paté de palta, qué mejor.

Como era tanta masa me asusté y achiqué todo a la mitad y como manteca vegetal no tenía, la reemplacé por mantequilla. No sé si esto desvirtuó la receta, pero quedaron deliciosas, los niños y yo las volamos al punto que ni alcancé a preparar la chancaca.

UPDATE: El gran punto en contra de este desafío, es que no hay mucho margen de acción para ir repitiendo. La repetición lleva obligadamente el doble de trabajo puesto que igual tengo que preparar cosas nuevas. De todas formas, hoy me lancé con las sopaipillas de nuevo. Esta vez hice un cerro, el kilo de harina completo, y también la chancaca.

Mi maestra sugiere lo siguiente: dos tazas de chanca en trozos, dos tazas de azúcar, dos tazas de agua, dos cucharaditas y media de maicena, cáscara de naranjas cortada en julianas y clavo de olor. Se disuelve la maicena en agua fría y después se agrega todo lo demás, dejando hervir hasta que espese.

En lo personal, como también cuenta mi maestra, me cargan esas sopaipillas pasadas que quedan todas blanduchas y latigudas, hasta de aspecto son feas. A si que, al igual que ella, opté por poner la chancaca a último minuto para que le de el dulzor necesario, pero que la masa aún esté crujiente. Y como estaban pequeñitas, uno puede comer varias sin mucha culpa…

Mis primeras sopaipillas, ¡DELICIOSAS!