Autoestima: Distintas relaciones, distintas facetas

¿Te pasa que ante personas diferentes actúas de manera diferente?

Comúnmente escuchamos frases que empiezan con “Yo soy…” o “Yo NO soy…”. En ellas lo que hacemos es informar a los otros las cualidades y propiedades de lo que suponemos es nuestro “sí mismo”. Todo funciona muy bien hasta que en determinada situación nos encontramos haciendo y siendo lo que hemos declarado que NO Somos. ¿Por qué?

Si la situación en cuestión nos hace sentir mal podemos echarle la culpa al otro o alegar algún tipo de reacción emocional descontrolada o estado alterado de conciencia. En el caso contrario podemos pensar que hemos evolucionado y ahora tenemos un repertorio más amplio en nuestro ser en el mundo. Todo esto repercute en la imagen que tenemos de nosotros mismos y en la valoración que le damos a esa imagen, es decir en nuestra autoestima.

Entendemos que pasada la adolescencia se fija nuestra identidad, nos definimos como persona con ciertas características y valores. Así nos diferenciamos de nuestra familia, nos identificamos más o menos con ciertos grupos sociales, elegimos nuestra profesión como algo que también nos define, etc.

Pero como la vida no es estática, constantemente nos vemos enfrentados a participar en contextos distintos en diferentes etapas: ámbito laboral, pareja (y su familia), amigos. Y los individuos con los que interactuamos, querámoslo o no, influyen en nosotros, así como nosotros influimos en ellos. Contextos distintos reclaman facetas distintas.

Es así como las personas en cada una de sus interacciones, solo manifiestan parte de sus posibilidades. Habrán relaciones que iluminen ciertos aspectos de nuestra personalidad y opaquen otras; es mas, habrán relaciones que hagan que descubramos facetas nuestras que no sabíamos que teníamos. Si ampliamos nuestros contextos podremos experimentar lo desusado.

Somos en el mundo en relación a otros, cambiamos, “estamos siendo” más que ser de determinada forma. Esto nos permite un abanico inmenso de posibilidades. Es nuestro carácter, historia y sentido de pertenecía a ciertos grupos (familiar, social) los que nos da continuidad: somos un “sí mismo en contexto”

Es en el terreno de la autoestima donde todo puede complicarse. Hay relaciones que pueden hacernos daños si nos devuelven información constantemente descalificadora. Gente y contextos que cambian la imagen que teníamos de nosotros mismos de forma negativa, repercutiendo en la autoestima. Con la reiteración de esas interacciones, empezamos a sentir que somos eso que nos comunica el otro que somos. Y nos da rabia sentirnos así, porque hasta hace poco nos sentíamos seguros, estables y concientes de nuestras capacidades.

Tener esta visión de la vida como un flujo de interacciones, nos ayuda a darnos cuenta que hay relaciones que socavan nuestra autoestima. Esas son exactamente las que no podemos permitir, más que culparnos por no ser de tal o cual manera, tenemos que ser capaces de ver para qué esta persona me hace sentir así y por qué se lo estoy permitiendo. Es una responsabilidad compartida, y empoderarnos de nuestro 50% puede hacer toda la diferencia.

Por Karolina Lama, directora del Centro de Terapias Creativas