Necesito que cambien la hora

(cc) flickr.com/niznoz

Ya empezó el otoño en el hemisferio sur y aún estamos con el horario de verano, aunque algunos computadores y teléfonos móviles nos confundieron cambiando la hora automáticamente el 13 de marzo pasado. En un año normal en esta fecha ya estaríamos una hora atrás, pero este no ha sido un año normal. El terremoto del 27 de febrero que azotó la zona centro-sur de Chile, hizo que se plantearan diversas medidas de emergencia, siendo ésta una de ellas. La hora se cambiará recién el sábado 3 de abril, de esa manera aún tendremos una hora más de luz en las tardes, lo que beneficia especialmente a los damnificados por la catástrofe que aún se encuentran sin suministro de electricidad.

Pero así como oscurece una hora más tarde, está amaneciendo cada vez más tarde, y eso, es algo que ya no aguanto. Y tampoco aguantarán en mi oficina si vuelvo a llegar atrasada.

Mi pieza tiene una generosa ventana al oriente, y gracias a eso en verano desde muy temprano se cuelan potentes rayos de sol por mis cortinas, ni el black out sirve ya que la luz traspasa los pequeños rincones que quedaron mal cerrados. Cuando percibo la calidez del sol sé que el día ya ha empezado, me levanto a abrir las cortinas y la ventana de par en par permitiendo una explosión de energía y aire fresco.

Hoy la tierra ha cambiado de lugar con respecto al sol, alejando nuestro hemisferio de éste astro, de a poco los días se hacen más cortos y más fríos y las mañanas más oscuras. El despertador sigue sonando a la misma hora pero la casa se mantiene en penumbras, poco y nada de luz natural entra aún por las ventanas y las ganas de levantarse se ven cada más lejos, al igual que el sol. Sé que aunque cambien la hora en pleno invierno saldremos de la casa y volveremos a ella como si fuera en medio de la noche. Pero podríamos atrasar ese efecto atrasando la hora. Quedan menos de 2 semanas, veremos qué pasa.

Y a tí, ¿te gusta que cambien la hora?