Deberíamos conversar…mejor le mando un mail

Mensajes de texto, e-mail, Facebook y Twitter. Mil y una de las nuevas formas de mandar un mensaje que bien puede ser tan significativo y permanente como superficial, vago, intrascendente y sobre todo… ¡contradictorio!

Quien habría pensado que la palabra escrita, al entrar al ciber espacio, dejaría de marcar huella en nuestras vidas. La humanidad ha recopilado en tomos de belleza incalculable las epístolas de amantes a lo largo de la historia: Diderot, Simon de Beauvoir, Sartre, Kafka, George Sand, Beethoven, Wilde, Neruda, Machado, Schumann, Mistral, entre otros. El amor, el deseo, el desengaño, la pasión, la eternidad y la vida misma en cada letra. Detrás de cada frase la promesa de un encuentro, algo que no podía dejar de ser dicho, una declaración trascendente. ¿Será que la tinta hacia la diferencia?

No digo con esto que en la bandeja de entrada de las parejas o amantes de hoy no exista algún mail o mensaje a la altura de las epístolas de antaño, por supuesto que lo debe haber, el punto es… ¿entre cuántos?

La compulsión por comunicarlo todo, cada actividad, cada lugar que pisamos (El fenómeno Foursquare raya en la patología), cada idea, cada opinión, cada “estado”, relativiza aquello que estamos queriendo decir.

El problema es que dentro de las cualidades del chileno no esta precisamente la frontalidad. Somos una sociedad que arranca de ella y la tecnología vino a salvarnos de esa incapacidad para decir lo que pensamos o sentimos. Desde ese punto de vista, no es sorprendente que Chile sea uno de los países que más usa, por ejemplo Twitter. Ahí encontraron voz todos aquellos que siempre quisieron hablar pero nunca se atrevieron. La coraza posmoderna perfecta para decir, al fin, lo que de frente no podría. ¿Será por eso que muchos de esos mensajes son críticas destructivas o mensajes agresivos? Cuesta tanto más ser tan lapidario cuando se tiene al otro mirándonos a los ojos, implica tener que hacerse cargo de lo que comunicamos y provocamos.

Si eso lo llevamos a la relación mínima de la sociedad, la pareja, el tema puede ser un arma de doble filo si se usa como medio para decir aquello que no nos atrevemos a decir de frente. Desde una salida solo/a con los amigos hasta que no estamos conformes con como se esta llevando la relación. Se ha vuelto habitual en las parejas esta práctica, provocando más de algún mal entendido, pues al no existir en los mensajes el lenguaje no verbal, el receptor puede leerlo con la intención y tonalidad que se imagine. Discutir por mails o msn es más desastroso aún, ese es un terreno del que nunca se sale bien parado. Hay que evitar caer en esta, ya no tan nueva, tentación/trampa comunicacional que nos presenta la época. Los asuntos cotidianos tanto como los importantes deben ser tratados cara a cara, es ahí donde emergen los códigos, los gestos, las inflexiones de la voz que tanto conocemos y nos hacen entender al otro. Podemos ver las emociones, y ver lo que nuestras palabras provocan y viceversa.

Usemos estas herramientas en nuestro beneficio, no en nuestra contra. Y si hemos de ocuparlas con nuestra pareja, que sea para sorprender gratamente, que tenga peso, trascendencia, importancia; no para escondernos y protegernos. Mandemos un mail que haga alguna diferencia, que atesoremos como parte importante de nuestra biografía o de la de nuestra relación.

Re-entender y sopesar el valor comunicacional de la palabra escrita es un tema no menor entre tanto mensaje instantáneo. Como escribió Víctor Hugo, «Es en las cartas de un hombre donde hace falta buscar, más que en el resto de sus obras, el sello de su corazón y el rastro de su vida».

Karolina Lamas es Directora del Centro de Terapias Creativas.