Viví el Carnaval de Río de Janeiro

Desde samba y caipiriñas hasta Madonna y Paris Hilton

(c) Caio Pimenta/SPTuris

La nueva versión de la fiesta al aire libre más famosa del mundo entero, vuelve a consolidarse como la capital mundial de la entretención. No solo millones de cariocas pudieron disfrutar de los desfiles en el sambódromo o en las casi 500 fiestas callejeras de los distintos barrios. En todos estos días más de 500.000 turistas extranjeros, provenientes de todo el mundo, han inundado la nutrida oferta hotelera. Por supuesto que la visita de grandes celebridades mundiales como Paris Hilton o Madonna ha centrado la atención en qué hacen, dónde van, depertando gran atención de la prensa y de sus miles de admiradores.

Durante los días de carnaval, que por supuesto son feriados para todos los brasileños, las playas de Copacabana e Ipanema se han repletado, mientras que los bares de Leblon se rebalsan. Incluso en las favelas más pobres se han efectuado los “bloques de ruas”, fiestas callejeras que al ritmo de un coche-dj, miles de personas disfrutan con cerveza en mano, moviendo sus cuerpos, y vistiendo alguna “fantasía” como llaman a los disfraces que usan por estos días. En Ipanema por ejemplo, se lleva a cabo anualmente todo el movimiento gay, logrando que el barrio esté atestado de gente durante 72 horas consecutivas, todos al ritmo de las caipirinhas callejeras, de la samba que suena de un músico improvisado, mientras los turistas desenfrenados buscan con quién ligar.

Es que el Carnaval de Río es mucho más que las noches que transcurren en el sambódromo del Marqúes de Sapucaí, un imponente lugar que su misión es específicamente para estas fiestas, que por donde desfilan las distintas escuelas de samba frente a cientos de miles de personas, muchos de los cuales pagaron más de mil dólares por estar ahí. Este año la majestuosidad de los desfilantes en las comparsas tuvo competencia femenina: Madonna y Paris Hilton, dos celebridades globales norteamericanas que ni se vieron las caras en el lugar. Cada una tenía una invitación distinta. Mientras Madonna era la invitada de honor por el gobernador de la ciudad gracias a sus múltiples obras sociales con los pobres de ese país, Paris Hilton asistió única y exclusivamente porque la firma cercevera local, Devassa, le pagó un par de millones de dólares para que asistiera.

Las fiestas del sambódromo han pasado de ser una expresión natural del fervor alegre de un pueblo que no puede dejar de bailar a un verdadera industria que mueve millones de dólares. Algo que han comprendido muy bien las empresas brasileñas que compran los palcos más top -como Devassa– e invitan a exclusivos invitados a disfrutar de una atención espectacular. La llegada de Paris, claro está, motivó a la prensa a perseguirla. Sin embargo, los gorilones que la custodiaban impidieron que se contactara con la gente, e inmediatamente se encerró en su palco junto a su novio y un par de amigas norteamericanas.

El balance del Carnaval de Rio, una vez más, es más que satisfactorio. Los turistas que llegan aportan a más de US$ 500 millones, un lujo tal, que los brasileros ya no están dispuestos a que sus calles huelan a orina o a que asalten a los turistas. El que hace pipí detrás de un árbol simplemente se va preso, e incluso supimos de visitantes asaltados cuyos montos robados eran devueltos por los tour operadores.

Sin embargo, para ser justos, hay que dejar en claro que el carnaval carioca está muy lejos de ser un mero negocio. Sin el espíritu del pueblo considerado el más alegre del mundo, sin su peculiar fusión de razas autóctonas, africanas y europeas, y sin sus características geográficas maravillosas, el brasileño no tendría el ritmo en su sangre, no trabajaría gratis durante un año para desfilar en el sambódromo. La mayoría de los que desfilan ahí es gente de muy bajos recursos, que no tienen ningún sueldo por hacer esto, e incluso gastan lo que no tienen en lograr tener los inolvidables trajes de colores y plumas. En definitiva, es la pasión, el corazón, el orgullo, elementos que, aseguran que mientras más tengan recursos y mejores tecnologías, cada vez nos sorprenderemos con mejores carnavales.