Playa… mi año nuevo favorito

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Siempre ha sido un tema el año nuevo para mi. No porque me encante, sino todo lo contrario. Es una fecha absolutamente intrascendetal para mi, un día como cualquiera, a excepción del cumpleaños de mi hermana que nació ese mismo día, pero como ya no vive acá, no es necesario estar donde ella esté.

Cuando era chica el año nuevo lo pasábamos en la casa -vivía en el campo, asi que era un día de piscina y de celebración a mi hermana- y siempre inténtabamos comer y hacer algo entretenido/prendido, pero la verdad que ni yo ni mis hermanas salimos con el don de ser muy prendidas, asi que siempre era más apagado que cualquier cosa, pero al menos estábamos en familia y eso ya era bueno. Eran las 12, un abrazo y a la cama… o de repente prendíamos la TV y veíamos la típica fiesta de Canal 13 que la deben de hacer como tres meses antes y que todos actúan como si fuera la mejor noche de su vida.

Igual tengo que darle crédito a mis años nuevos familiares, porque en dos ocasiones lo pasamos en otro lado y fue increíble. Uno fue en Bariloche y estuvo buenísimo, y el otro, en Miami, pero estábamos tan cansados que no nos dio para esperar las 12 de los gringos y litelarmente adelantamos la hora a la de Chile, y celebramos las 12 en las pieza, saltando en la cama como unos locos por 5 minutos -mientras todos los gringos les faltaban dos horas para las 12- y después nos dormimos.

El 2005 fue el año que todo cambió. Ese año decidimos con una amiga -mi mejor amiga hasta el día de hoy- partir a Brasil por tres semanas. Como el año nuevo no era tema para ninguna de las dos, decidimos partir justo antes de ese día y pasarlo en Río de Janeiro, en la casa de una amiga de mis papás. Llegamos a Río un par de días antes, nos pusimos a tono con la ropa blanca para el año nuevo, como todos allá. Pero jamás pensamos el año nuevo que tendríamos. Nos juntamos un grupo grande de brasileros, algunos medios chilenos que viven allá hace tiempo, y partimos en micro a Copacabana. La micro estaba llena, las calles también y todo el mundo feliz. Las calles parecían un carnaval. En Copacabana nos esperaba un amigo de Anna, nuestra anfitriona, que tenía un departamente “botado” justo al frente de la playa. Increíble… sin darnos cuenta, estábamos con la mejor vista del mundo viendo los fuegos artificiales, el mar y los transatlánticos al fondo encendidos como árbol de pascua. La verdad es que fue un año nuevo mágico, eché de menos a mi familia pero era tan impresionante estar allá, la gente era tan alegre, que era imposible no estar feliz. Las calles estaban llenas y se veía un mar blanco de gente bailando y cantando. Luego bajamos a la playa y llevamos unas ofrendas al mar, una tradición de ellos para empezar el año con todo y al parecer resultó, porque desde entonces mis años son cada día mejores. No teníamos ninguna fiesta planeada, pero teníamos la intención de encontrar una en alguna playa, y eso hicimos. Caminamos y caminamos, hasta que al final, cuando ya habíamos pensado que no había ni una fiesta en la playa, llegamos a un en Leblon que fue lejos la mejor. Fue como si hubiera sido especialmente para nosotras; a lo orilla orilla del mar, muy poca gente, música increíble y a pata pelá bailando en la arena hasta que salió el sol.

Desde ese día me di cuenta que la mejor manera de pasar el año nuevo era en la playa. Ese año descubrí el amor por la playa y el mar, algo que crece todos los días y que siempre que puedo, me escapo de Santiago para estar unos días en la playa, aunque sea por el día.

Es así como desde el 2005 lo paso frente al mar. Algunos más tranquilos que otros, pero nunca son los mega carretes, sino más bien estar con la gente que quiero, una comida rica y una buena conversación. Este año, por segundo año consecutivo, me voy a Puertecillo. Salimos a las 12:30 de la pega y con zapatillas de clavo en los pies rajamos con la Vale (la misma de Brasil y que ahora trabaja en el mismo lugar que yo) a Puertecillo a recibir el 2010.

Es así como ahora me gusta el año nuevo y sólo porque es una buena oportunidad para descansar y disfrutar con los pies en la arena, tener un par de días libres y cargar energías para el resto de los 365 días que se vienen por delante.