Mi dulce Geisha

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(cc) flickr.com/yellowpoint

Cuando tenía como 10 años vi por primera vez a una geisha. Una tarde de domingo dieron la película “Mi Dulce Geisha” (My Geisha, 1962) protagonizada por Yves Montand y Shirley MacLaine. La película es preciosa y Shirley interpreta a una mujer que se disfraza de geisha y reconquista a su marido. Desde ese momento me obsesioné con estos curiosos personajes. Me encantó leer “Memorias de una Geisha” y me emocioné al ver la película.

Es curioso. El concepto de Geisha se aleja bastante al ideal de mujer que tengo en mi cabeza. Sin embargo, hay algo que me llama mucho la atención. Puede ser que la estética es impecable, los movimientos son delicados, y el sacrificio es inigualable, también puede ser que siento una extraña curiosidad por todo lo relacionado a los países orientales. De todas maneras, me encantaría viajar algún día a Japón y ser parte de una ceremonia del te.

Originalmente, una geisha comenzaba su rigurosa preparación a muy temprana edad pero hoy en día una mujer puede tomar esa decisión incluso estando en la universidad. El entrenamiento consiste en aprender a tocar instrumentos tradicionales, bailes, la ceremonia del té, literatura y poesía. La idea de este entrenamiento es que finalmente, una geisha entretendrá a empresarios y hombres de negocios con su compañía, conversando temas interesantes, atendiéndolos y actuando para ellos.

Para muchas personas, las geishas son sencillamente prostitutas japonesas con otro nombre, pero creo que ese es un pensamiento sencillo y que refleja poca sensibilidad. Para entender un poco más sobre el tema las geishas reales no tienen relaciones pagadas con hombres. Ni siquiera deben casarse, aunque si pueden tener una especie de padrino o “danna” que por lo general son hombres casados, con muy buena situación económica, que mantienen a una geisha. La relación entre danna y geisha puede confundirse con amantes, pero es más compleja y creo que hay que saber más del tema para juzgar.

En el último número de la revista Marie Claire, leí un artículo que hablaba sobre la primera mujer occidental que se ha convertido en una geisha. Me pareció fascinante que en una cultura tan cerrada como la japonesa, hayan aceptado a un extranjero para ser parte de una costumbre única y propia. Por otro lado, creo que hay que ser una persona muy fuerte y decidida para involucrarse en este mundo, tan dado a los sacrificios y a las renuncias personales. Fiona Graham es doctora en Antropología y es además Sayuki, una geisha. Increíble pero cierto. Fiona comenzó su entrenamiento como parte de una investigación académica pero actualmente trabaja como geisha por motivaciones personales. Buscando en internet, encontré su sitio web personal donde se puede encontrar fotografías y una pequeña biografía.

En estos tiempos en que han cambiado tantas cosas y las diferencias de género son un tema discutido ampliamente para lograr mayor igualdad, pareciera como si el tiempo estuviera suspendido en otras partes del mundo. En algunas es reprochable, al menos para mí, pero en otras me alegra que las tradiciones aún existan y no sea solo un recuerdo. Siempre y cuando sea una elección, como en el caso de Sayuki, y no una imposición como lo fue para Sayuri, la protagonista de Memorias de una Geisha.