Si olvidas el futuro, pierdes el presente

María Gracia Subercaseaux comparte sus pensamientos de fin de año en su nueva columna.

Escasamente atractivo me resulta imaginar el 2010. En estas fechas la gente suele escribir acerca del año que se nos va y sobre lo que alienta el que viene, pero a mí, poco me motiva. Creo que lo que nos salvará será el mundial de fútbol, los libros, el cine y los amigos, porque lo que es la política y sus candidatos, apesta.

Debemos elegir el menos malo y eso es lamentable. No quiero un país conservador, me aterra la derecha fundamentalista católica y así también la Democracia Cristiana. No puedo creer que en materias éticas seamos tan atrasados y se nos subestima a diario. Me amargan una infinidad de cosas que pasan en Chile, pero de nada sirve levantar la voz, ni luchar. La mayoría de la gente no quiere mirar más allá. No les interesa escuchar otros planteamientos porque les aterran las consecuencias de creer lo contrario a lo que hasta el momento piensan. Como dice Dolores Albarrán, sicóloga, la mayoría tiende a quedarse con sus propias creencias y actitudes, porque la modificación de estas podría impedir que vivan la vida como lo están haciendo.

La gente es floja, no quiere detenerse a reflexionar y eso es preocupante.

El otro día encontré un artículo en el cuerpo de Tendencias de la Tercera que contaba de un análisis que realizaron las Universidades de Illinois y Florida de 91 estudios sobre la forma en que las personas escuchan y concluyó que solo el 33 % de ellas está dispuesta a oír e informarse sobre puntos de vista contrarios a lo que creen o piensan y solo el 25 % cuando se trata de temas políticos, religiosos y valóricos.

Solo las personas con mayor confianza en sus convicciones son las mas abiertas a oír otras posturas. Los más reacios son individuos inseguros en sus planteamientos. Las motivaciones para abrirse a otras argumentaciones tiene relación con las ganas de aprender de las ideas opuestas –que les pueden dar herramientas útiles para defenderse- o para percatarse de que sus propias creencias han evolucionado.

Parece que no nos queda más que leer e ir al cine para olvidar. Gracias a Dios tenemos una infinidad de libros y películas que nos salvarán.

Yo ya tuve la suerte de que me recomendaran una escritora que ha logrado maravillarme. Muriel Barbery con La Elegancia del Erizo. No tengo palabras para describir lo que me pasa con su libro, solo sé que me tiene aturdida e hipnotizada de tanta belleza, me emociona y envidio el talento de la palabra y del pensamiento preciso. Me he devanado los sesos entendiendo y disfrutando su cabeza, he volado con su ideas. En la última revista Paula, Juan Manuel Vial, crítico literario, lo nombra dentro de los libros recientes que, sin ser de autoayuda, te pueden convertir en una excelente persona.

Como lo estoy terminando ya debiera estar convirtiéndome en excelente persona, así es que aprovechando las fechas y mi condición de tal quisiera regalarles una idea de esta autora que les podría hacer tanto sentido como a mí.

Idea Profunda Nº 8

Si olvidas el futuro, pierdes el presente.

“Hace tiempo aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana… Pero si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?

De modo que sobre todo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.”

Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos.