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Beatriz Sánchez sobre su carrera a la presidencia: “Creo que la política es con llorar”

La precandidata presidencial del Frente Amplio vivió una infancia sumamente exigente, quedó embarazada a los 19 años y, tras diversos cuestionamientos, siguió con sus estudios y con Pablo Aravena, su pareja hasta hoy. En una posible presidencia, asegura que su deber sería luchar por el derecho de las mujeres, en todos los sentidos posibles.

Beatriz Sánchez sobre su carrera a la presidencia: “Creo que la política es con llorar”
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Por Carolina Palma Fuentealba. Fotografías: Gonzalo Muñoz.

Maquillaje y pelo: Sole Donoso. Agradecimientos a Espacio Gárgola.

Trabajó 20 años como periodista, pero confiesa que no es fácil estar al otro lado, dando entrevistas. "Pensé que el cambio sería paulatino. Si bien todos los días son distintos, con horarios diversos, uno se energiza mucho con esta pega. Quizás por el contacto constante con la gente en la calle", confiesa Beatriz Sánchez (45). Si nos quedamos sólo con la imagen que mostraba en sus programas periodísticos, resulta fácil pensar que hablamos de una mujer dura, seria y de ideas claras. Sólo la última descripción resulta cierta. Más allá de sus propuestas y convicciones –cuestionadas en cada debate– quisimos conocer su lado más íntimo y el papel que jugaría la mujer en una posible presidencia.

Ante esa propuesta, Beatriz se muestra abierta y bromea desde el primer momento. Nos sorprende. Es de lágrima fácil, ama la decoración, los libros y series policiales, y es una reconocida bailaora de flamenco. "Bailo cuando me lo pidan. No me da vergüenza". Y nos hizo una petición que pocas, quizás ninguna, hace: "No quiero que retoquen las fotos. Nada. Me gusta como me veo". Es cierto, se ve impecable.

En política se trabaja con asesores, quienes delinean el comportamiento. Frente a esa realidad, Beatriz asegura que no ha tratado de cambiar lo que es. "Tenía una imagen pública, y no quiero que ésta cambie por ser candidata. Uno no debe transformarse por ser política. Quiero seguir igual".

Viene de una familia cuyos padres fueron la primera generación de universitarios. Su papá es geógrafo y su mamá enfermera, pero siempre se dedicaron a la investigación y a dar clases en Valparaíso, donde vivían. De esa forma, junto con su hermana Manola, 2 años menor, la criaron en una casa donde se fomentaba la conversación, muy exigente académicamente. "Siempre fui buena alumna, estuve dentro de las mejores notas. Recuerdo llegar con una buena nota, pero mi mamá me decía 'esto podría haber sido un 7'. Era una familia coherente, porque a nosotras nos exigían, pero mis papás se exigían ellos mismos. Mi papá es hijo único, se hizo cargo de su madre, así es que mi abuela vivió con nosotros. Mi mamá se crió en Chillán, y mi abuela, que era dueña de casa, la dejó ir a la universidad en Valparaíso, cuando era impensable que te dejaran ir a otra región a estudiar siendo mujer. Parte de lo que somos con mi hermana tiene que ver con padres que buscaron su propio camino. Eran muy exigentes, pero siempre muy presentes".

Esas mismas características aplica en su casa con sus tres hijos, Diego (26), Sebastián (15) y Pablo (12). Sí, fue mamá a los 19 años, y admitió –en un programa de Mega– que intentó abortar (está a favor de legislar por el aborto libre) con cierta inyección, sin éxito. Finalmente decidió tenerlo mientras estudiaba Periodismo en la Universidad de Concepción, gracias al apoyo de sus padres. No sólo eso. Desde ese momento comparte su vida con Pablo Aravena, periodista deportivo de El Mercurio.

¿De dónde viene tu inclinación política? ¿Tus papás son de alguna tendencia?
Ellos son más bien conservadores. Quizás por un fin protector, porque toda mi infancia la viví en dictadura, no había una conversación muy política en la casa, sino más bien un afán protector, hablábamos de estudios, investigaciones, del entorno familiar.

Entonces, tu acercamiento a la política se produjo más bien en la universidad.
Sí, mucho más, definitivamente. La Universidad de Concepción es una universidad política. Estudié en años que había una desactivación política, cuando estaba Patricio Aylwin. En periodismo hice todas las pegas: reportera volante, coordinadora de piso, productora, editora... Las hice todas. De repente me destinaron a cubrir política, me gustó de inmediato y me quedé.

Vives con 4 hombres. Como se dice, ¿eres la reina de la casa?
En ningún caso soy la reina de la casa. Aravena, mi marido, es súper papá. Ellos son bien apegados a él, hacen hartas cosas juntos, tiene el mismo humor y me hacen un poco de bullying porque soy la única niña. Me dicen que hablo mucho. "Hablai todo el día en la radio, y llegas a la casa a hablar todo el rato también" (ríe). A mí me gusta mucho la decoración, así es que mi casa tiene muchos colores, es bien femenina. Si me preguntas si alguno se da cuenta de un cuadro que pongo, nadie, a ninguno le importa (ríe).

¿Cómo los describes?
Son cabros bien independientes, y se llevan bien entre ellos. Son bien aclanados los 3 pese a la diferencia de edades. El mayor es muy amigo de su hermano del medio y es protector con el más chico. Cuando le regalamos un celular al más chico a los 11 años, porque puse edad para el celular, estaba feliz, y al segundo tenían un grupo de WhatsApp sólo de los 3 hermanos.

¿Es rico vivir sólo con hombres?
Igual echo de menos una niña en la casa. Pasé de una familia de puras mujeres de carácter fuerte (pobre de mi papá), a una con puros hombres. Echo de menos la presencia de mujer. Ahora que el Diego está pololeando hay presencia femenina y estoy muy contenta.

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¡Eres suegra!
Voy a ser la mejor suegra del mundo (ríe). Me encanta que haya mujeres en mi casa. Con la Lili nos llevamos muy bien y me gusta que haya conversación de otras cosas, que varíe de temas como el fútbol, política, noticias...

Me imagino que no tienes nada de tiempo. ¿Cómo lo haces con el más chico, especialmente?
Es que Aravena se echó la casa al hombro también. El otro día conversábamos de lo que significa asumir todo esto, no sólo preocuparse de la casa. Al principio estaban todos más entusiasmados que yo, así es que me dieron todo el apoyo y contención. El Pablo me dijo que se hacía cargo de todo, incluso de apañar con los cabros. También es asumir un rol secundario con respecto a la visibilidad pública que voy a tener yo. Culturalmente los roles están tan establecidos en Chile que incluso una pareja joven debe dedicarse a desafiar esos roles. Hablábamos con Aravena y nos dimos cuenta que desde siempre nos ha pasado que hemos ido intercambiando roles, y no ha sido tema. Por ejemplo, en una época me levantaba a las cinco de la madrugada y él se encargaba de todo en la mañana, como levantarlos para ir al colegio, y yo los recibía en la tarde. Muchas veces él ganó más que yo, y otras yo más que él. Esto que nos pasa hoy lo hemos venido trabajando con el tiempo, porque cambiamos el rol tradicional del hombre en la familia. Eso hace que los niños lo lleven bien. Para ellos no es tema que y

o esté en este proceso, y su papá con ellos en la casa. Eso es muy reconfortante.

En esta posición de candidata, ¿hay que mostrarse políticamente correcta?
Tiene que ver con un diálogo distinto. Me ha pasado varias veces en la calle que las personas se acercan a conversar distintas cosas. Tienen prejuicios con la política. Me preguntan "¿qué puede hacer usted por mí?". Y ahí uno inicia la conversación. Finalmente, esto no se trata de hacer algo por una persona específica, sino que plantear una idea de país distinta. Lo más interesante, y que me hace reafirmar este camino, es que cuando conversas con la gente en la calle te das cuenta que todos los chilenos y chilenas son muy sabios, en el sentido que tienen claro lo que les pasa, y son pacientes. Saben cuál es la respuesta a lo que ellos piden. Esto ha sido un descubrimiento, porque veo a todos más conectados con los que les pasa que lo que pensaba como periodista.

Con respecto a la mujer, generalmente se dice que votamos por las habilidades blandas, por "el carismático". ¿Qué piensas?
No haría una diferencia brutal entre un voto y otro. Sí puedo decir que no le hago el quite a las emociones, creo que son parte importante de la política. La política que quiero crear es la que le hace sentido a las personas, y eso se logra cuando empatizas con los sentimientos que le provoca eso. Y están las propuestas a propósito de eso. No le hago el quite a la emoción, a hablar lo más sencillo que pueda. No le hago el quite a entregar respuestas que no estamos acostumbrados a recibir de un político. No le hago el quite a plantear que queremos un Chile distinto. Es necesario para la política.

¿Sientes que la gente se sintió encantada contigo? En seis semanas ya apareces en las encuestas, incluso has salido en segundo lugar, después de Sebastián Piñera...
Sí, pensé que sería más paulatino, en todo sentido. Me parece que hay gente que nos conoce, que les hace sentido, y eso es lo más interesante cuando uno hace propuestas. Nunca me he sentido ni me voy a sentir dueña de ciertos votos. Eso se ve mes a mes. También sabemos que el voto es voluntario, entonces no sabemos cuánto se traducirá en voto. Prefiero tomar las encuestas con paños fríos, porque uno puede estar más arriba o más abajo, pero el trabajo debe ser siempre el mismo.

¿Crees que te juegue en contra pasar directo a postular a la Presidencia, sin nunca haber trabajado en el servicio público?
He tenido un tránsito en eso. Cuando comencé como periodista a cubrir política, también tenía la idea de que en política se tenía que tener una carrera larga para tener cargos políticos, pero ahora creo que no tienes que tener pre requisitos para participar en política o seguir un camino largo. Si fuera por eso, este país sería muy distinto a lo que ahora es. El que no venga de un camino político, una militancia, puede ser positivo, a propósito de cómo son vistos los partidos políticos; o tener el lado negativo, que es la falta de experiencia. Con respecto a eso, ¿cuántas personas tienen mucha experiencia en distintos cargos políticos y terminan elaborando políticas públicas nefastas para el país, como el CAE o el Transantiago?

Tenemos dos pre candidatas. Aun así, ¿consideras que nos queda mucho camino por recorrer a las mujeres en política?
Me gustaría que existiese más diversidad. Las mujeres entramos para quedarnos en diferentes puestos políticos. Ahora, si vamos a las cifras, tenemos una participación muy pequeña en política. Hay una discusión y es un desafío para los partidos, porque tendrán que tener candidatas de manera paritaria y, como hay ley de cuotas, debe ser 40% de mujeres.

A algunos no les parece buena esta obligación de incorporar mujeres en todo ámbito...
A mí me parece perfecto. Es la única manera de abrir espacios, porque espontáneamente tendríamos que esperar 50 años para que haya un Parlamento que sea reflejo de lo que somos en Chile. Las mujeres no tenemos este espacio. El que haya candidatas a la presidencia no refleja un cambio radical. Hoy hay temas que están invisibles para las políticas públicas. Basta mirar cómo descansa este sistema económico en las mujeres. Si no fuera porque nosotras hacemos todas las labores de cuidado, el país no funcionaría como funciona, y eso no se reconoce. No sólo eso, se nos culpabiliza porque nosotras tenemos el rol de cuidar a los hijos en la casa, de cuidar a los ancianos, etcétera. Por lo mismo tenemos lagunas y nos dan pensiones más bajas. Lo mismo pasa con el seguro de salud, que se nos cobra más porque tenemos hijos, como si los hijos fu

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eran sólo carga nuestra. Finalmente trabajamos tres horas más que los hombres en la casa.

¿Crees que serás una abanderada de la mujer si llegas a la Presidencia, o no te perfilas así?
A mí me gustaría que fuera así. Me declaro una candidata feminista, en el sentido de visibilizar lo que somos las mujeres ahora, lo que nos pasa. Es una responsabilidad que tengo al ser pre candidata, he pasado por muchos trabajos, y estos temas siempre los he visto.

Un tema más superficial, pero interesante de analizar. Tu look no se relaciona con el típico de las lectoras de noticias: flacas, pelo largo y bastante "fashion". ¿Estás consciente de eso?

En el discurso de la imagen pública de las mujeres y hombres, hay requerimientos para ambos sexos. Uno tiene que ver con cómo vistes, el pelo que tienes, y me rebelo frente a eso. Me gustaría que nosotras mismas nos demos cuentas que hay diversidad, que la belleza no está en una sola forma, en esta forma que se usa en publicidad. Las mujeres somos mucho más diversas, mucho más interesantes que lo que se muestra en la publicidad. Estoy contenta como soy, me gusta como me veo y me gusta que nos sintamos todas bien con nosotras. La belleza tiene un significado muy personal, y es muy amplia.

Escribiste un libro, "Poderosas", donde entrevistaste a personajes como Michelle Bachelet o Evelyn Matthei. ¿Qué características tenían en común estas poderosas?
En general sólo una se consideraba una mujer poderosa: Lily Pérez. El resto, ninguna, ni siquiera incluso la misma Presidenta. Ella explicaba todo el peso cultural que cargamos las mujeres. Me decía que relaciona la palabra poder con algo negativo y masculino, entonces no se podía reconocer como poderosa, aunque fuera la Presidenta de la República.

¿Nos afecta no asumirnos como poderosas?
Sí, totalmente. Me pasa que uno lo tiene en su historia, en mi carrera periodística incluso. Siempre las mujeres sentimos que estamos dando prueba de lo que hacemos, y eso está instalado culturalmente, es feroz. Debemos dar doble muestra de que estamos haciendo las cosas bien. Lo he escuchado en muchos sectores, que cuando una mujer da una opinión en una reunión se escucha de otra manera que si un hombre diera la misma. Yo estoy orgullosa de este liderazgo de mujer que tengo. Creo que la política es con llorar, estoy orgullosa que haya un sentido emocional en lo que digo, porque me gusta este liderazgo de mujer.

Evelyn Matthei te comentó que para que la gente te respete, te tiene que temer, y a ti te hizo mucho ruido esa frase.
Sí, la conversación fue en su casa. Ella estaba dedicada a hacer clases, y terminamos la entrevista, se para y me dice: "Llegué a la conclusión que te tienen que temer para poder liderar". Nos sentamos de nuevo para hablar de eso. Ella me explica que en su desarrollo político siempre sintió que debía demostrar cosas o ponerse en los zapatos de otra persona para que le crean. Entonces entendió que le tenían que temer para ejercer liderazgo, y me pareció fuerte porque es como tratar de no ser uno para ser líder cuando eres mujer. Me parece que la forma de avanzar en cambios sostenidos, con derechos sociales en áreas sensibles, siempre es con la ciudadanía, la ciudadanía tiene el poder de hacer estos cambios enormes. Ahí está el poder para gobernar, en el anclaje con la sociedad civil organizada. Esto es un cambio, aunque no es inmediato. El futuro depende de todos nosotros.

Te saliste del periodismo. ¿Qué harás si no sales Presidenta?
Admiro a la gente que se proyecta a largo plazo. Cuando iba a escuelas de periodismo y me preguntaban si siempre quise ser conductora de noticias, respondía que no. Al principio leía las noticias y jamás me proyecté como conductora. Las cosas en la vida se me abren y tomo ciertas decisiones. Me gusta que la vida me sorprenda. Mi ilusión es quedarme en la política y reivindicar que la política está en todas partes, que la política se puede hacer desde todos los lugares, desde todos los espacios.

Revisa el backstage de la sesión de fotos de Beatriz Sánchez para Nueva Mujer

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